Una tesis no debería terminar en una biblioteca: 4 formas de convertir investigación en impacto

Una tesis representa mucho más que el cumplimiento de un requisito académico. Es el resultado de un proceso de investigación en el que alguien identificó un problema, formuló preguntas, revisó antecedentes, recopiló y analizó información y construyó conocimiento para comprender mejor una realidad.

Sin embargo, después de la sustentación y la entrega del documento final, surge una pregunta fundamental: ¿qué sucede con ese conocimiento después de la graduación?

En muchos casos, los resultados de una investigación permanecen en repositorios institucionales o bibliotecas digitales. Aunque estos espacios son esenciales para preservar y consultar la producción académica, publicar o almacenar una tesis no garantiza que sus hallazgos sean comprendidos, utilizados o incorporados en la toma de decisiones.

En su artículo To Know Is Not Enough: Research Knowledge and Its Use (2013), el investigador Ben Levin examina la relación entre la producción de conocimiento, su utilización y los procesos que conectan ambos ámbitos. Su planteamiento permite comprender que aprovechar la investigación requiere algo más que producir resultados: también es necesario crear puentes entre quienes investigan y quienes pueden beneficiarse de ese conocimiento.

Convertir una tesis en una contribución significativa implica, por tanto, pensar más allá del documento final. No se trata de abandonar el rigor académico ni de simplificar los resultados hasta perder su sentido, sino de encontrar formas pertinentes de compartirlos, ponerlos en diálogo con otros saberes y facilitar su aplicación.

Estas son cuatro formas de hacerlo.

1. Traducir los hallazgos en conocimiento comprensible y útil

Una investigación puede contener resultados relevantes y, aun así, tener un alcance limitado si solo son comprensibles para especialistas de un campo específico.

Esto puede ocurrir cuando los hallazgos se presentan exclusivamente mediante terminología técnica, extensos apartados metodológicos o formatos que no responden a las necesidades de otros públicos. El reto no consiste en eliminar la complejidad, sino en comunicarla de manera que más personas puedan comprender su significado.

El informe Communicating Science Effectively: A Research Agenda, publicado por las National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine en 2017, destaca la importancia de considerar los objetivos, los contenidos, los canales y las características de las audiencias al comunicar conocimiento científico.

La clave es adaptar la forma de comunicar, no alterar el significado de la evidencia.

¿Cómo llevarlo a la práctica?

A partir de una misma tesis, es posible desarrollar productos complementarios según el público al que se quiere llegar y el propósito de la comunicación:

  • Resumen ejecutivo: presenta el problema, los principales hallazgos y sus implicaciones para directivos, organizaciones o responsables de tomar decisiones.
  • Artículo de divulgación: explica la pregunta de investigación, los resultados y su relevancia con un lenguaje accesible.
  • Infografía o pieza audiovisual: organiza visualmente los datos y conceptos centrales para facilitar su comprensión.
  • Publicación profesional en LinkedIn: conecta los resultados con preguntas, retos o debates relevantes para una comunidad específica.

La comunicación debe ajustarse a las necesidades de cada audiencia sin distorsionar los resultados. También es importante explicar los límites del estudio y distinguir entre aquello que la evidencia permite afirmar y aquello que todavía requiere investigación.

2. Conectar la investigación con problemas reales

Una tesis cobra nuevas posibilidades cuando sus resultados entran en conversación con los contextos en los que podrían ser útiles.

Una investigación sobre prácticas pedagógicas, por ejemplo, puede ofrecer elementos para que una institución educativa examine sus estrategias de enseñanza. Un estudio sobre procesos organizacionales puede aportar criterios para revisar procedimientos internos. Una investigación social puede ayudar a comprender las necesidades de una comunidad y formular nuevas preguntas de intervención.

Esto no significa que todos los hallazgos deban convertirse inmediatamente en una solución. Su utilidad depende de la calidad de la evidencia, las condiciones del contexto y la pertinencia de las posibles aplicaciones.

En su análisis sobre el uso del conocimiento en educación, Levin (2013) destaca la relación entre quienes producen investigación, quienes la utilizan y los procesos que permiten conectar estos ámbitos. Esta perspectiva invita a pensar la transferencia del conocimiento como un proceso de interacción, no como una simple entrega de resultados.

La investigación puede abrir posibilidades de cambio cuando sus hallazgos dialogan con las necesidades y condiciones de los contextos en los que podrían utilizarse.

¿Cómo llevarlo a la práctica?

Después de terminar una tesis, puedes preguntarte:

  • ¿Qué problema concreto ayuda a comprender mi investigación?
  • ¿Quiénes podrían beneficiarse de sus resultados?
  • ¿Qué decisiones, prácticas o procesos podrían revisarse a partir de la evidencia?
  • ¿Qué condiciones deberían existir para aplicar los hallazgos?
  • ¿Qué información adicional se necesita antes de proponer una intervención?

Estas preguntas permiten pasar de una afirmación general —«mi investigación es importante»— a una reflexión más precisa sobre su posible contribución.

Abrir espacios de conversación con docentes, profesionales, instituciones, organizaciones o comunidades también puede ayudar a identificar usos que no eran evidentes durante la formulación inicial del proyecto.

3. Compartir el conocimiento y construir nuevas conversaciones

La investigación científica es una actividad acumulativa: cada estudio dialoga con trabajos anteriores y puede aportar preguntas, datos o perspectivas para investigaciones futuras.

Por eso, compartir una tesis no debería limitarse a publicar su versión final. También puede significar presentar sus resultados en encuentros académicos, participar en redes de investigación, escribir artículos derivados del estudio o conversar con otros profesionales que trabajan sobre problemas similares.

La Recomendación sobre la ciencia y los investigadores científicos de la UNESCO (2017) promueve la difusión de los resultados científicos y el acceso al conocimiento como parte de la contribución de la ciencia al bien público.

¿Cómo llevarlo a la práctica?

Considera estas posibilidades para ampliar la circulación de los resultados de tu investigación:

  • Publicar un artículo científico: seleccionar una pregunta o un conjunto de resultados de la tesis que aporte al debate de la disciplina.
  • Presentar los hallazgos: participar en congresos, seminarios o webinars donde la investigación pueda recibir preguntas, observaciones y nuevas perspectivas.
  • Participar en comunidades académicas y profesionales: compartir aprendizajes y establecer vínculos con personas que investigan temas relacionados.
  • Publicar contenido en plataformas digitales: divulgar ideas y resultados, incluyendo enlaces al trabajo completo cuando sea posible.

La difusión también puede generar oportunidades de colaboración, ayudar a identificar vacíos en la literatura y orientar futuros proyectos.

Sin embargo, el alcance digital por sí solo no demuestra impacto. Las visualizaciones, las descargas y las interacciones son indicadores de circulación, pero no necesariamente de uso o transformación.

4. Evaluar qué cambió —y qué falta por cambiar— gracias a la investigación

Una investigación puede alcanzar a muchas personas sin producir cambios concretos. También puede tener un efecto relevante en un grupo pequeño, una institución o un proceso de toma de decisiones.

Por eso, evaluar su impacto requiere mirar más allá de la publicación y preguntarse qué ocurrió con el conocimiento producido.

La movilización del conocimiento involucra diferentes actores, contextos y mecanismos. No basta con asumir que comunicar un hallazgo hará que otras personas lo adopten automáticamente.

El alcance de una investigación no se mide únicamente por cuántas personas la consultan, sino también por lo que puede ayudar a comprender, decidir o transformar.

¿Cómo llevarlo a la práctica?

Antes de cerrar un proyecto, puedes definir indicadores acordes con sus objetivos y posibilidades. Estas son algunas dimensiones que conviene observar:

  • Circulación: ¿cuántas personas consultaron la tesis o sus materiales derivados?
  • Comprensión: ¿los públicos destinatarios comprendieron los principales hallazgos?
  • Uso: ¿una persona, equipo u organización utilizó los resultados para orientar una decisión o revisar una práctica?
  • Colaboración: ¿la investigación dio lugar a nuevas alianzas, preguntas o proyectos?
  • Cambio: ¿existe evidencia de una modificación en una práctica, procedimiento, política o condición estudiada?

No todas las tesis podrán demostrar cambios a gran escala, y no todas necesitan hacerlo para aportar valor. El tipo de impacto depende de la pregunta de investigación, la disciplina, el alcance del estudio y el tiempo transcurrido desde su finalización.

Lo importante es formular afirmaciones proporcionales a la evidencia. Si una investigación ayudó a abrir una conversación, ese puede ser un resultado relevante. Si contribuyó a modificar una práctica y existen elementos para documentarlo, es posible describir ese cambio con mayor precisión.

Evaluar también implica reconocer los límites: una transformación social u organizacional suele depender de múltiples factores, por lo que no siempre es posible atribuirla exclusivamente a una tesis.

De entregar un documento a movilizar conocimiento

Convertir una tesis en impacto no significa que cada investigación deba transformarse en una política pública, una innovación comercial o una intervención de gran escala. Significa reconocer que el conocimiento puede tener diferentes formas de contribuir a la sociedad y que esas posibilidades merecen ser exploradas.

Una investigación puede aportar al debate académico, mejorar la comprensión de un problema, orientar una decisión, fortalecer una práctica profesional o abrir una nueva línea de estudio. Cada contribución requiere estrategias distintas para comunicar, conectar y evaluar los resultados.

El proceso puede comenzar con cuatro acciones concretas:

  1. Comunicar los hallazgos de forma comprensible para los públicos pertinentes.
  2. Identificar a quiénes pueden resultarles útiles los resultados.
  3. Crear espacios para compartir el conocimiento y ponerlo en diálogo con otros actores.
  4. Observar qué ocurre cuando los hallazgos entran en contacto con la práctica.

En ese camino, el rigor sigue siendo indispensable. Divulgar no significa exagerar resultados; aplicar no significa ignorar el contexto; y medir el impacto no significa atribuir a una investigación todos los cambios que ocurren después de su publicación.

Una tesis es el cierre de una etapa académica, pero también puede ser el punto de partida de nuevas conversaciones y posibilidades.

La pregunta, entonces, no es solamente dónde queda tu tesis después de la sustentación, sino qué nuevas preguntas, decisiones o aprendizajes puede ayudar a construir.

En CEDALC creemos en una formación académica que fortalece las capacidades para investigar, analizar y producir conocimiento. Parte de ese proceso consiste en reconocer que el valor de una investigación no reside únicamente en haberla terminado, sino también en las posibilidades que abre cuando sus resultados se comparten y se ponen en diálogo con el mundo.

Referencias bibliográficas

Las siguientes fuentes sirven de base para ampliar los conceptos desarrollados en este artículo.

  1. Levin, B. (2013). To know is not enough: research knowledge and its use. Review of Education, 1(1), 2–31. https://doi.org/10.1002/rev3.3001
  2. National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine. (2017). Communicating Science Effectively: A Research Agenda. The National Academies Press. https://doi.org/10.17226/23674
  3. UNESCO. (2017). Recommendation on Science and Scientific Researchers. UNESCO.
  4. Golhasany, H., & Harvey, B. (2023). Capacity development for knowledge mobilization: a scoping review of the concepts and practices. Humanities and Social Sciences Communications, 10, Article 235.

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