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Educación con enfoque territorial: transformar la escuela desde las realidades de cada territorio

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Néstor David Restrepo Bonnett
Doctor en Filosofía, experto en derechos humanos y políticas públicas.

La educación con enfoque territorial parte de una idea fundamental: no es posible transformar la escuela sin comprender las realidades sociales, culturales e históricas de las comunidades. En este sentido, hablar de educación implica también hablar de territorio, interculturalidad, dignidad docente, equidad y participación.

Durante el foro académico sobre educación, territorio e interculturalidad, se compartieron reflexiones y experiencias que permiten ampliar la mirada sobre los desafíos de la educación en Colombia. Una de las ideas centrales fue reconocer que la transformación educativa no ocurre únicamente dentro del aula, sino en un ecosistema que se construye desde el territorio, con el territorio y en el territorio.

Esta perspectiva invita a preguntarnos qué significa realmente ofrecer una educación pertinente y de calidad cuando las condiciones, necesidades, saberes y posibilidades de cada comunidad son diferentes.

¿Qué significa hablar de educación con enfoque territorial?

Pensar la educación desde el territorio significa reconocer que cada comunidad tiene una historia, unas condiciones sociales y culturales y unas necesidades particulares que deben ser consideradas al momento de construir propuestas educativas.

El territorio no debería entenderse únicamente como el lugar físico donde se encuentra una institución educativa. También es el espacio donde se encuentran las experiencias de las comunidades, sus conflictos, sus saberes, sus oportunidades y sus desafíos.

Desde esta perspectiva, la educación no puede limitarse a transmitir información. También tiene la posibilidad de construir realidades y transformar historias. Por eso, las políticas y estrategias educativas requieren conocer las condiciones concretas en las que viven estudiantes, docentes, familias y comunidades.

Esta mirada también cuestiona la idea de aplicar modelos educativos de manera uniforme. Una política o una estrategia puede tener buenos resultados en un contexto y no responder de la misma manera a las condiciones de otra comunidad.

“Desde el territorio, con el territorio y en el territorio.”

La frase resume una de las principales reflexiones del encuentro: el territorio no puede ser solamente el lugar donde se implementa una política educativa. Debe participar en la construcción de las respuestas que necesita.

Calidad educativa también significa dignidad

Hablar de calidad educativa implica mucho más que revisar resultados o indicadores. Durante el encuentro se recordó una experiencia de gestión educativa en Antioquia cuyo eje fue precisamente la relación entre calidad y dignidad.

Las diferencias entre las subregiones y municipios muestran que garantizar el derecho a la educación requiere atender condiciones materiales que pueden determinar la permanencia y las posibilidades de aprendizaje de los estudiantes.

Entre los desafíos mencionados aparecen aspectos como el transporte escolar, la alimentación, la infraestructura y la disponibilidad de docentes. Son condiciones fundamentales, pero adquieren un significado diferente cuando se observan directamente desde las realidades de cada territorio.

La infraestructura educativa es un ejemplo claro. Un colegio no puede diseñarse sin considerar el clima, las condiciones geográficas o las características del lugar donde será construido. Cuando esas variables no se tienen en cuenta, incluso una inversión pensada para mejorar la educación puede enfrentar retrasos y dificultades.

Por eso, hablar de calidad también significa preguntarse si las decisiones educativas están respondiendo realmente a las condiciones de quienes habitan cada territorio.

El maestro como protagonista de la transformación territorial

Una educación pertinente también requiere reconocer el papel del docente. El maestro no es únicamente quien transmite conocimientos dentro del aula: es un actor que conoce, acompaña y participa en las dinámicas de su comunidad.

En el foro se destacó especialmente la necesidad de dignificar la labor docente. Esto implica pensar en sus condiciones de trabajo, sus desplazamientos, su carga administrativa, su bienestar y las posibilidades que tiene para desarrollar su labor educativa.

La formación y el acompañamiento también son fundamentales. Cuando los docentes tienen la posibilidad de comprender mejor las realidades de sus estudiantes y participar en la construcción de soluciones, la educación puede responder de manera más pertinente a las necesidades del territorio.

Esta perspectiva cobra una dimensión especial en la educación rural. En muchas comunidades, el maestro cumple funciones que van mucho más allá de la enseñanza: es una figura de referencia para estudiantes y familias y un actor fundamental de la vida comunitaria.

Reconocer ese papel significa comprender que fortalecer al docente también es una forma de fortalecer el territorio.

Aprender del territorio también es aprender de sus historias

La educación con enfoque territorial requiere escuchar las historias que existen en las comunidades. Esto implica reconocer experiencias de conflicto, procesos de transformación, saberes locales y diferentes formas de comprender la realidad.

Durante el encuentro se compartieron experiencias en las que las historias de los docentes y de las comunidades se convirtieron en oportunidades para construir conocimiento y generar procesos de transformación.

Una de ellas estuvo relacionada con la experiencia de un docente cuya historia personal estaba atravesada por el conflicto. Su trayectoria permitió mostrar cómo las experiencias vividas pueden convertirse en elementos para la reflexión pedagógica y para la construcción de nuevas posibilidades dentro de una comunidad.

También se presentó la experiencia del Centro de Pensamiento Pedagógico, concebido como un espacio para reunir las voces de facultades de educación, docentes y maestros de diferentes subregiones con el propósito de pensar una educación pertinente para el departamento.

Estas experiencias muestran que el conocimiento educativo no tiene que construirse únicamente desde los centros académicos o desde los escritorios institucionales. También puede surgir de quienes viven cotidianamente los desafíos de la educación.

La interculturalidad también implica abrir otras perspectivas

Hablar de interculturalidad en educación supone ampliar las perspectivas desde las cuales comprendemos el conocimiento y la realidad.

El foro planteó la necesidad de abrir espacio a otras formas de conocimiento y a otras epistemologías dentro de la academia. Esto implica reconocer que las comunidades poseen saberes y experiencias que pueden enriquecer la conversación educativa.

En un país caracterizado por su diversidad cultural y territorial, una educación pertinente necesita reconocer esas diferencias en lugar de asumir que existe una única manera de enseñar, aprender y relacionarse con el conocimiento.

La interculturalidad, en este sentido, no se reduce a incorporar contenidos sobre diversidad cultural. También supone transformar la manera en que escuchamos, investigamos, enseñamos y construimos conocimiento.

Construir conocimiento educativo desde las regiones

Una de las preguntas que deja este enfoque es cómo lograr que las decisiones educativas se construyan a partir de lo que ocurre realmente en las comunidades.

Para ello es necesario acercarse al territorio, escuchar a quienes lo habitan y reconocer las experiencias de quienes trabajan diariamente en las instituciones educativas.

Esto resulta especialmente relevante para la educación rural. Las condiciones de acceso, movilidad, infraestructura, conectividad y formación docente pueden ser muy diferentes entre regiones. Por eso, comprender esas particularidades es un punto de partida para diseñar respuestas que realmente funcionen.

El conocimiento del contexto no debería ser un elemento adicional de las políticas educativas. Debería ser una condición para diseñarlas.

De las políticas educativas a la realidad del territorio

Otro de los grandes desafíos identificados durante el foro es lograr que las políticas públicas pasen del discurso a la práctica.

Una política puede estar bien formulada, pero pierde capacidad de transformación cuando no es conocida por las comunidades o cuando no logra llegar a los territorios donde debe aplicarse.

Por eso, acercar las políticas públicas a las personas también implica garantizar que las comunidades conozcan sus derechos, las oportunidades disponibles y las herramientas que pueden utilizar para participar en las decisiones que afectan su educación.

La transformación requiere entonces una relación más cercana entre las instituciones, los docentes, las comunidades y quienes toman las decisiones públicas.

  • Conocer las condiciones sociales y culturales del territorio.
  • Escuchar a las comunidades y a los docentes.
  • Reconocer las particularidades de la educación rural.
  • Fortalecer la formación y dignidad docente.
  • Convertir las políticas educativas en acciones contextualizadas.

El desafío no consiste únicamente en formular nuevas políticas, sino en crear las condiciones para que esas políticas tengan efectos reales en la vida de las comunidades.

Invertir en educación también es invertir en territorio

La discusión sobre el enfoque territorial conduce inevitablemente a la necesidad de invertir en educación. No solamente en infraestructura, sino también en las personas y en las condiciones que hacen posible el aprendizaje.

Durante el encuentro se planteó la necesidad de fortalecer la educación rural, la formación de maestros, la alimentación escolar, el transporte y las condiciones de infraestructura de acuerdo con las características de cada territorio.

Un sistema educativo pertinente necesita recursos, pero también necesita que esos recursos respondan al contexto. No es suficiente invertir si las decisiones se toman sin conocer las condiciones geográficas, sociales y culturales de las comunidades.

Por eso, uno de los grandes retos es que la educación pueda convertirse en una política de Estado y no depender únicamente de las prioridades de cada gobierno.

Pasar del romanticismo a la efectividad también significa convertir las prioridades educativas en decisiones sostenidas y capaces de responder a las realidades del territorio.

El enfoque territorial también debe mirar hacia lo global

Comprender el territorio no significa encerrarse en lo local. Una de las reflexiones finales del encuentro planteó precisamente la necesidad de ampliar la mirada y reconocer que los territorios también hacen parte de una realidad global.

Las comunidades enfrentan desafíos que están relacionados con transformaciones económicas, sociales, culturales y tecnológicas que superan las fronteras locales. Por eso, una educación con enfoque territorial necesita conocer las particularidades de cada comunidad, pero también ayudar a comprender el mundo del que esas comunidades hacen parte.

La relación entre lo local y lo global permite construir una educación que no desconozca las diferencias del territorio, pero que tampoco limite las posibilidades de quienes lo habitan.

Una educación que conozca, reconozca y transforme

Hablar de educación con enfoque territorial es, en última instancia, hablar de una educación capaz de mirar más allá del aula.

Es reconocer que las condiciones sociales, culturales, económicas y geográficas influyen en las posibilidades educativas de cada comunidad. Es comprender que la calidad también implica dignidad y que fortalecer a los docentes es fundamental para fortalecer los territorios.

También significa escuchar otras voces, reconocer otros saberes y construir conocimiento a partir de las experiencias de quienes viven cotidianamente las realidades educativas.

El reto es avanzar hacia una educación que no llegue simplemente al territorio, sino que se construya con quienes habitan ese territorio.

Porque transformar la educación no consiste únicamente en cambiar lo que ocurre dentro de la escuela. También implica comprender las historias, necesidades, capacidades y posibilidades de las comunidades para construir respuestas que tengan sentido en su realidad.

En ese camino, el enfoque territorial puede convertirse en una oportunidad para pensar una educación más pertinente, más equitativa y más cercana a las personas.

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Referencias

  1. Apellido, N. (2026). Título de la obra. Editorial.
  2. Apellido, N. (2025). Título del artículo. Revista, 12(3), 45–67.
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Néstor David Restrepo Bonnett

Doctor en Filosofía, experto en derechos humanos y políticas públicas.

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